REVISTA MENSUAL

Cuando nuestro fundador, don Miguel Guirao Pérez, junto a don Mariano Sánchez Martínez, tuvieron la idea de crear una asociación cultural, recabaron la colaboración de los que en aquellos momentos asistíamos expectantes y esperanzados de llenar el vacío que se había producido en muchos de nosotros. Nos sentíamos como huérfanos después de acabar los cursos de la primera promoción del Aula Permanente de la Universidad.

Una experiencia inolvidable, la cual nos impedía resignarnos a volver cada uno a su casa después de haber vivido un enriquecimiento cultural partiendo de la intergeneracionalidad de nuestros socios, mezclados y hermanados con un elenco de extraordinarios catedráticos que volcaron, con generosidad, sus conocimientos sobre gentes sedientas de ese baño de sapiencia.

Unos porque volvían a revivir sus juveniles años universitarios, y otros, que no los habían disfrutado, porque recibían como agua de mayo en tierra reseca una experiencia ilustradora, negada, en su momento, por una dura vida llena de trabajo.

Ese fue el comienzo de Ofecum y ese fue su logotipo, continuar recibiendo el aire impelido por el simpático soplón que emerge de la “C” de cultura. A cada una de aquellas personas partícipes se les asignó una parcela de trabajo en la primera andadura.

Una de ellas, consistía en confeccionar un calendario que reflejara la actividad cultural, no sólo de la emanada de nuestra agrupación, sino también la de otras entidades de nuestra ciudad. Ese era nuestro reto, y nuestra noble ambición: la de aglutinar en un solo boletín informativo nuestra agenda, junto a la de otras similares producidas por otros colectivos sociales, públicos o privados, incluyendo el mundo del arte y el espectáculo, y cuyo acceso no fuera restringido.

Quizás por su afición a la informática, al que hace estos comentarios se tuvo a bien implicarlo en la realización de dicho calendario, siempre con el asesoramiento y la tutela de don Miguel, cuyas ideas sobre el mismo intentábamos plasmar. Fue entonces, cuando comprobamos el grado de perfeccionismo en los detalles de nuestro fundador, no queriendo omitir ningún dato por nimio que fuera en la información que pretendíamos divulgar.

Aunque en honor a la verdad, esto no significaba coartar en ningún modo nuestras propias iniciativas. En lo que a este redactor atañe, una de dichas iniciativas fue la de distinguir nuestra publicación de las del resto de las agendas culturales de la ciudad. En parte fue debido al nombre que se le asignó: “Calendario Cultural”.

Por Manuel Espadafor Caba

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