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Historia2018-10-02T11:23:02+00:00

NUESTRA HISTORIA

OFECUM Es acrónimo de Oferta Cultural de Universitarios Mayores, ya que sus orígenes vienen del Aula de Mayores como germen de su creación. De la mano de D. Miguel Guirao Pérez, un grupo de alumnos y un profesor universitario Mariano Sánchez Martínez, se da forma a lo que hoy todavía perdura.

Hace veinte años que comenzó esta aventura que ha merecido la pena, pero, como puede ser que las personas que lleguen aquí por primera vez no sepan con qué espíritu y propósitos se inició OFECUM, merece la pena recordarlos para valorar nuestra andadura.
Hace unos veinticinco años, en la Universidad de Granada se puso en marcha el “Aula Permanente de Formación Abierta” (Universidad de Mayores, su propia universidad), proyecto formal solidario que supuso una gran opción para ocupar o enriquecer el ocio impuesto a miles de personas en una sociedad envejecida. La distancia entre las jubilaciones anticipadas y la esperanza de vida, que se retrasa, supuso y supone casi otra vida que aprovechar, y muchas personas deciden cumplir su deseo de ser universitarios, al que no tuvieron antes opción.

Como complemento a la oferta docente del Aula surgieron en su seno dos asociaciones, ALUMA y OFECUM, prestando la primera un gran apoyo a la propia Aula, mientras que la segunda, “Oferta Cultural de Universitarios Mayores”, nació al ver que había mayores que no se atrevían a ir a la  universidad por no considerarse aptos como víctimas de una juventud llena de carencias. Fue entonces cuando se pensó que la ciudad de Granada podía ser la “Gran Universidad”, por el amplio escenario de sus constantes actividades culturales y el ambiente para que los mayores se sientan universitarios jóvenes también. El sustituir la postración abusiva de sobremesa por el arreglo personal para asistir a clase como se debe; el ir y venir pasando por tan variada y libre oferta ciudadana de consumo; el encontrar nuevos amigos con idénticas necesidades e ilusiones, y entretenimientos de todo tipo, ha sido el gran complemento a las clases, y, en definitiva, el poder volver a casa al ocaso integralmente enriquecidos.


Pero como lo expuesto por tantas opciones ciudadanas simultáneas invitaba a la dispersión, pronto en la asociación creamos ofertas propias  integradoras para verse y oírse distendidamente todos los días en una cita, porque el grupo humano lo necesita, sobre todo cuando huye de la soledad. Ya lo sabéis; como oferta propia añadida, hay relajadas tertulias, conferencias interesantes y al nivel adecuado, gimnasia, excursiones, informática, coro, teatro, visitas culturales, viajes, etc., todo lo que se disfruta con enorme gratificación porque se elige ante una amplísima oferta que gracias a diversos medios se conocen. …Y aquí viene el mensaje de esta declaración sobre cómo y cuánto podía ser Ofecum si entre centenares de socios hubiera más colaboración.  pensábamos que la experiencia y la sabiduría de tantos jubilados con tan diversas profesiones, palpaciones y oficios ejercidos, iban a desbordar la oferta, pero no ha sido así.

Sí, Ofecum marcha razonablemente bien, pero es por contar siempre con la entrega de unos pocos mayores beneméritos que desempeñan misiones enriquecedoras, casi inexplicables por el esfuerzo y el beneficio que suponen, pero no basta y se han contratado jóvenes -que conocéis muy bien- que, mucho más allá de sus obligaciones y desbordando solidaridad, se han hecho imprescindibles en aquellas misiones que los mayores no hemos llegado a cubrir. ¡Claro que no ha sido una inútil experiencia! Aires juveniles tuvieron también un papel decisivo en la fundación, y todo ello han hecho que en Ofecum se practique y apueste ya por la intergeneracionalidad, y que, ya, hasta los mayores vayamos a los colegios a divertir a los “infinitamente más jóvenes”; ¡quién lo iba a decir! En fin, jóvenes y mayores nos necesitamos mutuamente como colectivos de una sociedad no invertebrada, y mi despedida va a ambos pidiéndoles participación. y a nuestros socios amablemente rogársela. Hacéis bien en disfrutar porque para eso nació la asociación, no para pedir sino para dar, pero puede ser que si colaboraseis con vuestra entrega -puntual si ha de ser así- os sintierais más felices.